Entonces un día todo se paralizó y de pronto entendimos que hay algo más grande que nuestras naciones, ciencia y religiones, por décadas nos creímos amos y señores del planeta, rompimos sus leyes naturales para construir leyes a nuestra conveniencia, a nuestros propios desvíos, nos dividimos cómo humanidad e inventamos diferencias para tener que discutir, para darle brillo al ego de nuestra inteligencia.
Hoy somos sombras detrás de las ventanas, tan frágiles, tan vulnerables, parecería que el virus nos va ubicando en nuestro verdadero lugar, la evolución nos demuestra que no todos somos indispensables, la naturaleza nos enseña que puede seguir sin nosotros, Dios susurra en la incertidumbre y resulta que todo lo que creíamos ser o tener fue pura vanidad.



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